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“La laicidad del Estado no sólo no va contra la libertad de conciencia, sino que es su más firme condición de posibilidad.”

28 de abril de 2014

César Tejedor, profesor de Filosofía en secundaria y tutor de la UNED, reflexiona en torno a la frase “La religión es el opio del pueblo” de Marx.

César Tejedor de la Iglesia es profesor de filosofía en un instituto de secundaria de Cáceres y profesor tutor en la UNED de Plasencia. Coautor de los libros “¿Debemos tolerarlo todo?” (2006) y “Antología laica. 66 textos comentados para comprender el laicismo” (2009). Pertenece a la Junta Directiva de la asociación Europa Laica. Recientemente ha impartido la sexta charla del ciclo Las frases de los filósofos del centro UNED de Coruña. Ha realizado un comentario filosófico de la frase “La religión es el opio del pueblo” de Karl Marx.

P. Gracias por su charla sobre la frase marxista “La religión es el opio del pueblo”. ¿Podría, en primer lugar, decirnos algo sobre su contexto?

R. La frase es marxista en sentido estricto, es decir, es del puño y letra de Marx, lo cual es importante aclarar porque a veces se le atribuyen frases que no son suyas y otras veces se atribuyen significados demasiado radicales a frases que sí son suyas pero que dijo en referencia a unas condiciones muy particulares.

En cuanto al contexto, aparece de forma casi literal en su “Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”. Marx escribe esta obra en 1843, pero sólo llega a publicar su introducción. Lo hace con formato de artículo, en 1844, en la revista “Deutsch-Französische Jahrbücher” (Anuarios germano-franceses), que Marx editaba en París con Arnold Ruge y de la que sólo llegó a publicarse un número doble en febrero. Hasta 1927 no se publica la obra completa.

El párrafo del que se extrae la cita es muy elocuente para entender su significado: “La miseria religiosa es a un tiempo expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del pueblo.”Como se ve, el contexto donde encuadrar la crítica marxista a la religión es el de la realidad social. En Marx la cuestión de la religión está íntimamente ligada a la cuestión social.

P. Es además una frase de un escrito de juventud.

R. Efectivamente, aunque no es algo que haya dado tiempo a explicar en una charla de 45 minutos. Marx, cuando dice que la religión es el opio del pueblo, está asumiendo una teoría muy común entre los filósofos alemanes de su época, principalmente Feuerbach. Según dicha teoría, el Dios cristiano es una creación del ser humano. Si nos fijamos en las caracterizaciones habituales que se le atribuyen (omnipotente, omnisciente, omnipresente…) nos damos cuenta de que todas ellas son cualidades humanas, pero proyectadas en un ser que supuestamente colma con su perfección la natural limitación del ser humano. En este sentido, Marx asume el legado de la tesis de la alienación religiosa de Feuerbach, diciendo que no es la religión la que hace al hombre, sino el hombre el que hace a la religión. El hombre no es una creación de Dios hecho a su imagen y semejanza, sino más bien es Dios quien es una creación del hombre hecho a su imagen y semejanza.

En 1843 todavía se movía Marx en la estela de la izquierda hegeliana. Aún no tenemos la polisemia de “religión” de su obra tardía, donde la religión a veces es sinónimo de idolatría. Tampoco se había llegado a la formulación del materialismo histórico, según el cual la religión es partede una superestructura ideológica generada por una estructura de relaciones de producción. Sin embargo, a pesar de que Marx escribió ese texto a los 25 años, ya anunciaba una idea que mantendrá en toda su obra posterior, la idea de que la religión puede ser una falaz válvula de escape en tanto que ofrece un mundo ilusorio de felicidad más allá de este mundo, a la vez que sirve para legitimar el statu quo de dominación y opresión en este mundo.

P. Parece haber una condena sin matices a la religión, ¿no? El hombre oprimido de la Europa del XIX, creyente cristiano, sería un hombre que aguanta los sufrimientos cotidianos bajo la promesa, irracional y falsa, de una felicidad futura en el reino de los cielos.

R. A Marx se le han atribuido injustamente muchas cosas. Una de ellas es servir de fundamento ideológico a un régimen totalitario y dictatorial, el del comunismo stalinista. Otra de ellas es la de ser un fundamentalista y militante ateo, alérgico a cualquier desarrollo religioso de la espiritualidad humana. Si leemos atentamente los textos de Marx, no encontraremos ni una sola línea donde se pueda justificar ninguna de estas opiniones, que no son más que tergiversaciones interesadas del pensamiento marxista. Marx era un filósofo de la emancipación humana, que defendió las libertades individuales por encima de cualquier forma de dominación de unos seres humanos por otros. Entre todas esas libertades defendió la libertad de conciencia. Marx no se opone a la religión como opción espiritual libre de la conciencia humana, sino a una religión que se adapta a los intereses de la ideología dominante y se convierte en “religión de compensación”, en un contexto social de dominación y frustración.

En este sentido, Marx no se opone a la religión como tal, sino a la instrumentalización política de la religión, tal y como habían hecho Kant y Hegel. Considera que la religión es un asunto privado. Y decir que es un asunto privado es decir que la religión debe ser una opción libre de la conciencia, porque la esfera privada debe ser libre. Pero, del mismo modo, significa que la religión no puede pretender disponer de privilegios en la esfera pública. Hay una frase de Marx realmente elocuente del mismo texto que complementa nuestra frase de hoy: “La crítica del cielo se transforma en crítica de la tierra, la crítica de la religión en crítica del derecho, la crítica de la teología en crítica de la política”. Marx era consciente de que criticar la deriva política de la religión, en tanto que sirve a los intereses de la clase dominante, es una exigencia para la defensa de la libertad de conciencia.

P. En cuanto a su lectura laicista de Marx. ¿Es una opinión común entre los expertos o se trata de un punto debatible? Leyendo a Marx, no parece que le interese especialmente el tema de la religión desde un punto de vista filosófico, ni tampoco hay tantas alusiones a esa laicidad del Estado.

R. La crítica de Marx a la religión no tiene ni mucho menos un sentido epistemológico o teológico. Marx no pretende demostrar que los creyentes de una religión determinada vivan en el error en comparación por quienes optan por una opción atea. Sería vano oponerse a la religión como si se tratara de una representación puramente arbitraria y engañosa sin que cambie la situación real que la acompaña. No se puede confundir la causa con el efecto. Atacar al efecto no erradica la causa. Para Marx, la religión es un síntoma de que algo funciona mal, igual que la fiebre es un síntoma de una infección, que es el verdadero problema. Cuando la gente busca el “aroma espiritual” fuera de este mundo, es porque este mundo se ha deshumanizado, ha caído en las “aguas heladas del cálculo egoísta”.

Todo el pensamiento marxista tiene como objetivo rehumanizareste mundo, devolver a los hombres su propio destino, y su propia libertad, si se puede decir así. Pero libertad no en un sentido puramente formal y abstracto, sino libertad real, en la que todos los hombres y mujeres puedan disponer de los medios que les permitan disfrutar y hacer efectivos sus derechos.

Pero en una cosa estoy en desacuerdo con usted. Marx alude a la laicidad de las instituciones públicas y a esta defensa de la libertad de conciencia en muchos de sus textos. Se puede decir que se trata de un tema transversal en toda su obra. Ya hemos hablado del texto del cual estaba sacada la frase que nos ocupa.

Posteriormente, alude concretamente al tema en su obra “La cuestión judía”, donde dice literalmente: “La incompatibilidad de la religión con los derechos del hombre se halla tan poco presente en el concepto de derechos del hombre que el derecho a ser religioso, a ser religioso en el modo elegido, a practicar el culto de la propia religión particular, resulta antes bien expresamente enumerado entre los derechos del hombre.

El derecho a la fe es un derecho universal del hombre”. Y en el mismo texto: “la emancipación del Estado respecto de la religión no entraña la emancipación del hombre real respecto de la religión […] El Estado puede haberse emancipado de la religión, incluso si la aplastante mayoría es todavía religiosa. Y la aplastante mayoría no deja de ser religiosa por el hecho de ser religiosa en privado”.

Más adelante, en una obra cuya introducción escribe su amigo Engels titulada “La guerra civil en Francia”, Marx elogia la separación del Estado y la Iglesia que pusieron en práctica los franceses durante el frustrado experimento de la Comuna de París. En esa obra, tanto Marx como Engels defienden la laicidad de las instituciones públicas, la separación de la política y la religión, pues entienden que esa laicidad no sólo no va contra la libertad de conciencia, sino que es su más firme condición de posibilidad.

P. El problema de la separación Estado-Iglesiaes complejo y apasionante; también actual, no se sabe si por su naturaleza o porque a algunos políticos supuestamente laicistas les interesa mantenerlo en esa actualidad permanente en vez de resolverlo. No hay tiempo para más. Muchas gracias de nuevo por la charla.

R. Gracias a ustedes. Ha sido un placer volver a participar en los ciclos de filosofía de la UNED Coruña. Y me gustaría creer que esa última pregunta, que no me da pie a responder, sea una invitación a seguir tratando estos temas el año que viene.

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