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"Fueron los filósofos pitagóricos, Platón, Aristóteles y algunos otros, los primeros que propusieron la esfericidad de la tierra"

15 de marzo de 2017

José Luis García Dornelas, doctor Ingeniero Industrial y ponente de la conferencia "La cartografía en el Arte antiguo y medieval", que impartirá el próximo 29 de marzo, nos ofrece un adelanto de la sesión.

El próximo 29 de marzo a partir de las 19:00 horas en la sede de la UNED A Coruña, está prevista la celebración de la conferencia "La cartografía en el Arte antiguo y medieval" de la mano de José Luis García Dornelas. Doctor Ingeniero Industrial, ha dedicado su vida profesional a la planificación eléctrica de varios países de Europa y América, en colaboración, de forma permanente, con distintas Universidades, desarrollando labores docentes en Madrid y Vigo.

Esta actividad, que se impartirá en la modalidad presencial, se enmarca dentro del programa de actividades organizadas por la Delegación de alumnos de la Facultad de Geografía e Historia y su acceso será libre.

 

Imagen: José Luis García Dornelas

"Las antiguas civilizaciones consideraban al universo como un habitáculo, con un firmamento o techo cimentado en los extremos de la tierra que soportaba el peso de las aguas superiores que cubrían el mundo. La idea de una tierra plana era la habitual en todas las primitivas civilizaciones, incluso en la Grecia anterior al siglo V a.C. Siguiendo estas tradiciones, varias descripciones bíblicas hablan del confín de la tierra, lugar que sólo es posible si se supone que la tierra es plana y finita, en vez de esférica.

Fueron los filósofos pitagóricos, Platón, Aristóteles y algunos otros, los primeros que propusieron la esfericidad de la tierra.

Alrededor del año 200 a.C. Eratóstenes llegó a determinar su diámetro con un error inferior al 10%. Por esa fecha los griegos tenían resuelto el problema de representar en un plano una superficie esférica utilizando proyecciones geométricas, también habían propuesto un sistema de coordenadas basado en paralelos y meridianos, y construido el primer globo terráqueo.

En el s.II d.C., Claudio Ptolomeo escribió sus ocho libros de la Geographia, el tratado más completo de la Antigüedad, en el que proporcionaban las coordenadas geográficas de unos 8000 lugares y se calculaba la superficie del mundo conocido, dejando constancia que faltaba por descubrir una gran parte del mismo.

Desde entonces, y hasta el s. XV, no se produjo avance alguno en la Geografía. Los conocimientos antiguos fueron olvidados y lo que fue peor, se abandonó la curiosidad por el saber y la capacidad de contrastarlo con la razón, circunstancias que condujeron al retroceso científico de la Edad Media.

Las causas de ese proceso de deterioro habrá que buscarlas en el desmembramiento del Imperio Romano y la llegada del cristianismo. Ya en el siglo III algunos teólogos -Biblia en mano- tomaron por asalto las ciencias en general y en nuestro caso la Geografía. Lactancio defendió con pasión la tierra plana al considerar absurda la idea de la existencia de habitantes en las antípodas, [1] y su postura contó con el apoyo posterior de doctores y padres de la Iglesia. A comienzos del segundo milenio el doctor de la Iglesia san Pedro Damián llegó a escribir: "Platón… fija los límites de las órbitas de los planetas y calcula la trayectoria de los astros: lo rechazo con desprecio. Pitágoras divide en latitudes la esfera terrestre: le hago muy poco caso… Euclides se inclina sobre los embrollados problemas de sus figuras geométricas: también lo mando a paseo". [2]

 

Y de esta forma desapareció la imagen que se tenía del mundo, que fue sustituida por unas imprecisas descripciones cosmológicas y geográficas recogidas en la Biblia, el libro que condensaba todo el saber humano. De su lectura los teólogos dedujeron la forma de la tierra y la localización de unos pocos lugares significativos que consideraron necesarios para su labor doctrinal, transformando el mundo real en otro simbólico sobre el que Dios manifestaba ostensiblemente su dominio.

Estos mapas, que no sirven para orientarse, viajar o medir distancias, se configuraron como enciclopedias visuales, llegando a ser meros contenedores de nombres y símbolos vinculados con la Historia Sagrada. La escasa formación del pueblo hizo que, para facilitar su catequesis, se simplificara la representación geográfica, e incluso se falseara si eso hacía más evidente el orden del Universo creado por Dios, porque si Dios había creado el mundo, éste debía ser armónico, simétrico y proporcionado.

Y las partes del mapa que se correspondían con regiones desconocidas se rellenaron con animales fabulosos, híbridos humanos o construcciones legendarias; y el mar se llenó de islas imaginarias, como la de San Brandán, que navegaba en busca del Paraíso. Esta concepción mágica de la cartografía persistió hasta que los comerciantes necesitaron utilizar unos mapas que reflejaran con mayor precisión la realidad geográfica. Pero para entonces ya había transcurrido toda la Edad Media".

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Datos biobliográficos: La representación cartográfica del mundo en la Edad Media. UNED. Espacio, Tiempo y Forma. Serie III, Hª Medieval, t.17, 2004. En torno a la cartografía medieval. Valentina Ariza Montero. Universitat Pompeu Fabra. 2009. El mundo para una reina: los mappaemundi de Sancha de León. Sandra Sáenz-López Pérez. Anales de Historia del Arte. Universidad Complutense. 2010

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Imágenes

  • Códice de Fernando I y Sancha del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana. Biblioteca Nacional de España, Madrid (Ms. Vitr. 14-2, fol.12v). Año 1047 . http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000051522  (En este enlace es la página 24).                          

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[1] Los 30 capítulos de sus Instituciones Divinas están dedicadas a desacreditar a los filósofos griegos: "La filosofía se basa en conocimiento y conjeturas. El conocimiento no puede venir de la comprensión ni puede ser aprendido… pues eso sólo lo puede hacer Dios… Por lo tanto toda la filosofía está basada en conjeturas ridículas y falsas", [L3,C3]  Lactancio dedica todo el capítulo 24 del tercer libro a la crítica de los antípodas.

[2] Pierre Thuillier. De Arquímedes a Einstein. Tomo 1. Alianza Ed.,Madrid, 1988, pp. 99-101

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